Supongo que la mayoría de vosotros ha oído hablar de la doctora Kübler-Ross. Para los que no, decir que fue una psiquiatra experta en personas al borde de la muerte, en cuidados paliativos…etc. Ella decía que «Una de los principales arrepentimientos que las personas tienen justo antes de morir es no haber conseguido cerrar adecuadamente una relación con alguien que fue importante de su entorno».

Nosotros vamos a tardar aún mucho tiempo en llegar a ese momento, pero es cierto que sería muy triste llegar sabiendo esto y no haber hecho nada por remediarlo y, sobre todo, debemos tener en cuenta que en toda esta vida que aún tenemos por delante, podemos ser mucho más felices cuando solventemos esos conflictos con personas importantes de nuestra vida.

Para empezar, un conflicto no es un desacuerdo. Mejor dicho, no es sólo un desacuerdo. Por dar un ejemplo rápido y trivial, un desacuerdo es cuando le dices a tu pareja: «yo prefiero que bajes la tapa del wáter porque es mas higiénico y también más estético»… y él (suele ser él) te dice: «no es para tanto, al final los que vivimos aquí somos nosotros y hay confianza». Un conflicto es cuando tu le dices: «Te he dicho mil veces lo de la tapa del wáter, no me escuchas, no te importa lo que yo digo, y encima eres un zoquete sin gusto»… y él (porque sigue siendo él en el ejemplo) te dice: «Si no fueras tan estirada, ni estuvieras todo el día chillando, y te preocuparas más por nosotros y menos por lo que dicen los de fuera, tal vez podría concentrarme en ver si tiene algún sentido las manías que tienen». ¿Está claro, verdad?

Pues estas tonterías iniciales con la tapa del wáter, y muchas otras más o menos importantes para uno de los dos, o los dos, acaban muchas veces en insultos, rupturas, olvido de amigos y amigas queridas, de familiares cercanos… cuyo dolor, resentimiento, frustración… cargamos durante toda la vida. Así que permíteme que te dé unos breves consejos que pueden ayudarte a arreglar ese conflicto que tienes o, al menos, a sacar de tu mochila vital esa carga que no deja de apretar tus hombros.

– Tú sólo no puedes arreglar el conflicto, pero si puedes aligerar tu peso. Es cierto, y los expertos mediadores coincidirán conmigo, en que un conflicto solo se resuelve cuando las dos partes están dispuestas a solventarlo, pero yo añado algo más: Si una parte tiene toda la voluntad para solventarlo y hace su parte del proceso, el conflicto podría no desaparecer, pero si la carga que le genera a esta persona. Recordemos que la principal carga no es del hecho (no bajar la tapa del inodoro) sino la herida emocional que ha provocado al hacerlo una cuestión personal, de identidad.

– Pon el problema en el medio: Como te acabo de decir, el conflicto se polariza tanto en cada persona, que muchas veces hasta se olvida el asunto inicial que lo generó. Tal vez tu vecino aparcó en tu zona y le dijiste «Mira, bastante tengo con sufrir el ruido que hace tu coche como para ahora tener que encontrármelo en mi zona de garaje»… y él «pues para lo tonto que eres demasiado delicado te has vueltos con los ruidos…»… y cuando te das cuenta estás a punto de pegarte en la puerta de casa frente a todos los vecinos… y alguien dice «¿pero qué ha pasado?»…y los dos os miráis como diciendo…»la verdad…ahora mismo ni me acuerdo». En un conflicto lo primero es hacer tres parte bien diferenciadas, tú, la otra persona y, en medio (mejor aún si es delante de los dos), el problema.

– Sé asertivo: En otras palabras. No seas agresivo ni tampoco pasivo. Lo mejor es el equilibrio. Como ejemplo, si un camarero te da un vaso sucio en un bar. No se trata de gritar y decir que el bar es una mierda y que no vas a volver más, ni tampoco de beberte con asco tu bebida en ese vaso para no molestar. Se trata de llamar al camarero y decirle «por favor, tráigame otro vaso que este está sucio». Sin más. Eso es ser asertivo. Di lo que ocurre, y di lo que eso te hace sentir. Decir lo que él otro es por hacerlo, es un juicio que solo añade dolor y una posición defensiva.

– Sé empático: Decían los indios americanos que: «antes de criticar a una persona anda tres lunas en sus zapatos (vamos, mocasines en esa época)». Debemos ponernos en el lugar del otro para saber lo que quiere, y también lo que percibe de lo que nosotros queremos. Si además los dos lo hacen, es infinitamente más fácil el entendimiento.

– Si puedes, solventa el problema del problema: Este trabalenguas tiene una explicación. Muchas veces la tapa del inodoro es solo un ejemplo de desorden, muchas veces el aparcar en tu plaza es sólo un ejemplo de cierto aprovechamiento de la confianza entre vecinos… ese es el verdadero problema. Por tanto, si tratáis de entender lo que esa situación supone para la persona a un nivel superior, podréis atajar de un plumazo ese y muchos otros problemas similares que podrían surgir o estar surgiendo. O tal vez ese asunto concreto deje de ser importante si los demás del mismo tipo cesan. Es decir, tal vez sería suficiente si ese chico arregla más su cuarto, o ayuda más en la cocina… o todo lo demás que supone desorden, aunque de vez en cuando se deje la tapa levantada… o puede que si el vecino no le pide todos los días su paleta de pádel, ni las herramientas los fines de semana, ni se va a su casa a ver fútbol de pago…pues si un día aparca en su puerta no pasaría nada reseñable.

– Acuerda y olvida: Si las cosas se negocian y se dicen, el compromiso debe incluir mirar hacia delante (mientras que no se repita lo mismo). NO vale ahora que al chico se le olvide el cumpleaños  de su novia, y ella le diga que: «normal, ¡que voy a esperar de alguien que lleva toda su vida dejando la tapa del wáter levantada!»…

Para terminar, te pido que reflexiones sobre todo esto porque nos quedan muchos años que vivir, pero el día que nos toque despedirnos de esta etapa tal vez todos esos años nos parecerán un suspiro. ¿Te merece la pena cerrar en falso tantas heridas? Sánalas o, al menos, déjalas bien tratadas para que no se extienda el dolor aun más.

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