Esta semana, gracias a un buen amigo con una gran iniciativa, ha tocado hablar y pensar sobre EMPODERAR.

¿Em-po-de-qué?…Sí, parece una palabra un poco chistosa y no es más que un «palabro», que aunque ya existía en español, no tenía el sentido que últimamente (sobre todo desde los 60’s, 70’s) se le ha venido dando.

Si queréis profundizar, aquí os dejo la definición que la Wikipedia da de Empoderamiento. Como podréis ver, todo comenzó con la idea de «reducir la vulnerabilidad e incrementar las propias capacidades de los colectivos más pobres y marginados». Empoderar – «dar poder«

También podréis ver que hay varios tipos concretos de empoderamiento, pero aquí ya sabéis que solemos hablar de todo lo que hace referencia a que las personas consigan aquello que desean, entonces, ¿cómo enlazan estos dos conceptos? Empoderando personas, y que sean ellas las que conformen mejores colectivos, más potentes y con capacidad de influir en la sociedad.

Y para las personas, yo empezaría por….

– Parte de la base de que ganaras ese poder cuando consigas autosuficiencia, y no hablo (sólo) de la parte económica. Cada uno tiene su cometido, su lugar, su misión… el desarrollo de su «elemento», como nos dice Sir Ken Robinson. Por supuesto que esto nada tiene que ver con la colaboración, con el intercambio de emoción, o con estar con los amigos, la familia, siempre que estés ahí aportando…. no cuando quieras estar cerca porque no seas capaz de sentirte completo por ti mismo.

 – También podrás asumir y desarrollar ese poder cuando aceptes la responsabilidad de lo que pasa en tu vida o, al menos, la responsabilidad de la manera en que respondes a las cosas que te ocurren en tu vida. Cuando la crisis es la causa de tus males, pierdes poder. Cuando los bancos son los que arruinaron tu vida, pierdes poder. Cuando en clase ese profesor te suspende, pierdes poder. Cuando ese chico es el culpable de tu infelicidad, pierdes poder. Asume que tu vida depende de ti. Asume que esa es la única forma de conseguir manejar tu vida, y no de ir a la deriva de otros… y ganarás poder.

Respétate. Ya dirás que lo haces, pero yo no estaría tan seguro. ¿Te aceptas tal como eres… o prefieres mirar para el lado y barrer todo eso bajo la alfombra… ocultándolo? ¿Conoces lo malo que hay en ti, aquello que te gustaría cambiar?… o prefieres asumir que tú no lo necesitas y son los demás los que se merecen que alguien les haga ver sus «defectos». ¿De veras crees que es posible mantener una parte positiva sin tener una negativa que mantener a raya? Respetarse es aceptarse; acéptate y comenzarás a ganar poder, el poder del cambio.

– … y por supuesto muchas más… algunas que podremos desarrollar más adelante, y otras que espero no saber todavía y poder seguir aprendiendo… ¡para seguir empoderándome yo también!

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 fotografía de blog.unab.cl