¿Te ha pasado alguna vez que quieres conseguir algo (o a alguien) y pareciera que mientras más te esfuerzas más se aparta eso que deseas de ti? Es tan frustrante y agotador como escalar una montaña y sentir como si la cúspide se alejara de ti a medida que avanzas… sin importarle en lo más mínimo todo tu esfuerzo.

¿Te suena conocido? Seguro que sí.

Los dos extremos.

Trabaja por tus metas, pero conserva energía para ti.

Por un lado, están esos esforzados trabajadores que emplean su energía incansablemente, más allá de lo razonable, para alcanzar un objetivo que parece escabullirse de sus manos… independientemente de cuánto se sacrifiquen por él.

En el lado opuesto, están esas personas que también tienen grandes metas e ilusiones, pero no realizan acciones para materializarlas. Su falta de voluntad y disciplina hacen que ni siquiera se acerquen a sus sueños.

¿Qué hacer para encontrar un punto medio?

Invierte sabiamente tu energía. El esfuerzo excesivo no te lleva a ningún lado.

Es muy sencillo: Haz lo que debas.

Me explico: Si tienes un deseo, transfórmalo en intención. Interioriza que es algo que quieres tener en tu vida y reflexiona si, una vez que lo consigas, puedes integrarlo a tu realidad y a tus valores. Si tu voz interior te transmite una respuesta positiva, es el momento de hacer lo necesario e ir a por él.

Si quieres lograr algo y disfrutarlo plenamente, analiza si es coherente contigo y con tu propósito vital.

Con lo anterior no quiero decir que no se presentarán obstáculos en el camino, las dificultades son parte natural de la vida. Lo que sí te puedo asegurar es que ninguna meta saludable, realista y capaz de aportarnos un bienestar genuino requiere que nos desgastemos al máximo y pasemos nuestros días sintiéndonos desdichados y miserables.

Entonces, ¿cuánto esfuerzo es el necesario? El natural, el razonable, ese que te hace sentir que de tu parte no quedó nada por hacer. Cuando en tu interior comiences a pensar que lo que haces es “forzar la máquina”, es momento de considerar la posibilidad de soltar. Al final, cualquier aparato al que se le exige de más durante mucho tiempo acaba averiándose… lo cual es bastante grave si en esta metáfora el aparato eres tú.

Dejar ir no es un fracaso… pero el esfuerzo sin sentido sí puede llevarte allí.

Seguir esforzándonos no siempre conduce al éxito.

Si hay una meta que no pudiste lograr, es necesario que aceptes que no te pertenece, que has avanzado en tu camino y has conseguido alcanzar otras cosas y rodearte de nuevas oportunidades.

Conseguiremos algunos de nuestros deseos, otros no, quizás logremos lo que anhelamos en otro tiempo o de una forma distinta a la que esperábamos. Esto puede ser un fastidio al principio, pero también una bendición porque hay un mundo de posibilidades que van más allá de nuestra imaginación.

Al final del día, la realidad es la realidad y debemos asumirla sin que el ego nos lleve: Cuando uno siente que hizo todo lo necesario, solo puede dejar que las cosas encajen. Si no encajan… es momento de analizar, entender, aprender… y ajustar. Si tiene que llegar llegarán.

Luis Gil– Inspira y Avanza.Puedes tener la vida que deseas. Sabemos cómo guiarte: www.inspirayavanza.com

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