Hay cuatro C’s que pueden marcarnos el camino hacia la consecución de aquello que deseamos tener en la vida. Es curioso que sean C’s, puesto que hay dos más que son fundamentales, no sólo para la consecución de esos deseos, sino para conseguir la armonía que todos necesitamos en la vida: debemos escuchar lo que dice nuestro Corazón y poner nuestra Cabeza a trabajar con él hombro con hombro.

La primera «C» es la de Creer. Son nuestras creencias las que marcan nuestro comportamiento. Son ellas las que dictan los juicios que haré y también hacia donde dirigiré mi atención y mis esfuerzos. Antes de conseguir algo, antes incluso de poder realizarlo, y también antes de poder siquiera planificarlo, necesitamos creerlo para, a partir de ahí, alinear todo aquello que somos en la consecución de nuestro deseo. Cree y podrás comenzar a dibujar el nuevo mapa.

La segunda «C» es la de Crear. Una vez que tengamos los fundamentos de nuestras creencias bien asentados es, como decíamos, el momento de dibujar el nuevo mapa. El proceso creativo tiene su estrategia propia. Todos podemos ser creativos, pero es posible que nadie fuera lo suficientemente creativo a nuestro alrededor como para permitirnos aprender  a serlo. Para la creatividad necesitamos intención, lanzar en nuestra mente el objetivo del proceso creativo, un esbozo del resultado que querríamos obtener, y luego debemos dejar que la mente haga su trabajo, proporcionándole un entorno relajado muy similar a esos instantes contemplativos que tenemos a lo largo del día (¿por qué crees que te vienen tantas buenas ideas cuando te duchas relajadamente?). En ese momento de perfecto equilibrio es cuando las imágenes comienzan a aparecer y cuando el proceso creativo puede desarrollarse totalmente. Pero como las grandes ideas no sirven de nada si no motivan una acción, necesitamos la tercera «C».

La tercera «C» es Construir . Un plan creativo requiere revisión, ajuste a la realidad, y la realimentación que ofrece ponerlo en práctica y determinar si aquellos resultados que queríamos de inicio se van dando. Construir no es un proceso aislado, no olvida la creatividad, puesto que es tremendamente difícil realizar sobre el papel una planificación que pueda llevarse a la práctica sin ningún ajuste posterior. Debe haber una comunicación perfecta entre esa parte creativa que continúa ofreciendo nuevas soluciones y esa otra parte que va construyendo y que puntualmente informa de las dificultades que el plan inicial aún no tenía resuelto.

Y llegamos a la cuarta «C», Culminar. Necesitamos llegar a la cima, necesitamos que todo ese proceso de creencias, creatividad y construcción en continua realimentación obtenga un resultado. A veces, el resultado no es exactamente el que al inicio se consideró mientras creábamos, pero debe satisfacer aquello que consideramos fundamental resolver en el momento en el que pusimos en marcha todo este plan de mejora. Y cuando llegamos allí arriba, cuando podemos reconocer el éxito de todo el proceso, es necesario que nos demos una gratificación. Debemos disfrutar, evidentemente también del camino, pero en ningún caso debemos dejar que la conclusión de algo tan bueno pase sin pena ni gloria. Es importante aprender a saborear y a disfrutar de aquello que conseguimos. Márcate una recompensa desde el inicio y no te rindas hasta que lo consigas. Ya sabes que hay una máxima a aplicar cuando queremos avanzar: «rigidez en el objetivo, flexibilidad en el camino«.

Piensa ahora en tu empresa, en tu trabajo, en tu vida, ¿Qué te gustaría conseguir? ¿En qué área te gustaría avanzar? Recuerdas las cuatro C’s y Cree, Crea, Construye y Culmina tu sueño. Tú también puedes conseguirlo.

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fotografía de techvira.blogspot.com