Han pasado veinte días desde la última entrada de este blog. Muchos ya sabéis que he estado con un problema en un ojo que me hacía prácticamente imposible (o al menos poco saludable) ponerme a escribir. También habéis sido varios los que me habéis deseado una pronta recuperación, y os lo agradezco públicamente. Algunos de vosotros me decíais específicamente «ojalá te pongas pronto bien para que puedas seguir escribiendo en el blog de Inspira y Avanza». Eso me hizo pensar en la entrada de hoy.

A menudo no somos conscientes del efecto de nuestros actos. Es más, es frecuente que situaciones o comportamientos a los que nosotros no les damos importancia, puedan provocar un efecto muy importante en otras personas; ojalá que uno positivo.

Ha habido ocasiones que, mucho tiempo después de una conversación con alguien, esta persona ha venido y me ha dicho «aquello que me dijiste me hizo pensar… tomé ciertas decisiones, y creo que estoy mucho mejor, quiero darte las gracias». Yo no siempre soy consciente de que busco provocar algo en la persona (hay muchas veces que si lo soy, porque hace ya bastante tiempo que forma parte de mi propósito personal y trato de ser fiel a él), y es de momentos donde no soy consciente, y luego me llegan esas confidencias, de donde extraigo esa gran responsabilidad que tenemos, esa gran oportunidad que tenemos de aportar algo positivo cada vez que hablamos o intercambiamos cualquier cosa con cualquier persona.

Hace ya tiempo, cuando me despedía por mail de mi anterior empresa, recibí una respuesta de una persona que no mencionaré, pero que me dejo realmente petrificado durante bastante tiempo. Yo casi no coincidía con él, no era una de las personas que sentía bajo mi «responsabilidad» para hacerlas estar bien, para ayudarlas a crecer en esos niveles donde yo pudiera aportar. Era un compañero cercano, pero con el que en tres años intercambiaría poco más de tres o cuatro frases.
En su mail me decía: «no nos conocemos mucho, no hemos hablado mucho, prácticamente nada. Pero el día que mi hijo estaba tan mal, al borde de la muerte, tu me buscaste entre todos en la oficina, me llamaste y me diste ánimos, me ayudaste a que ese día, quizá el más duro de mi vida, fuera un poco más llevadero. Gracias. Nunca lo olvidaré».

Como os digo, me dejó helado. Yo lo hice como lo más normal del mundo. Me dijeron la situación (que no era algo público) y sentí que era lo único que podía hacer, sin más, sin mayor importancia… levantarte y dar un poco de apoyo durante 1 minuto de tu vida…¿que coste tiene eso?

Pues no sé el coste, pero sí que sé el beneficio… infinito.

Gracias a ti, excompañero por hacerme ver que fui útil, gracias a todos los que me pedíais una nueva entrada, gracias a aquellos que me dieron la frase acertada cuando yo también la necesité, gracias a todos los que me tienen en su pensamiento, y aquellos que se me hicieron tan importantes como para tenerlos en el mío cada día. Recordad que vuestra vida puede resultar fundamental para muchas personas, con una palabra, con un gesto… quizá ya seáis unos héroes anónimos, quizá ya os dijeron lo importantes que sois. En cualquier caso: seguid creando la diferencia, seguid abonando el terreno para proporcionar luz, esperanza, alegría, felicidad a todos aquellos que os rodean. No lo hagáis por ellos, hacedlo por vosotros y veréis el inmenso beneficio.

puedes tener la vida que deseas, nosotros te ayudamos a conseguirlo: www.inspirayavanza.com
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fotografia de editorsoyfeliz.blogspot.com