Si ayer estábamos hablando de todo lo que supone controlar, desde unas reflexiones que nos permitieron al menos ver de qué manera gestionamos ese control, hoy vamos a irnos a lado opuesto. Y no, no estoy hablando de ese estado ideal en el que fluimos, nos adaptamos a todo lo que ocurre, y nos sentimos siempre conectados con el presente. Vamos hablar del más puro descontrol.

¿Te ocurren ciertas situaciones donde no puedes controlar lo que estás haciendo?
¿Te gustaría gestionar mejor la manera en la que comes, fumas, o tienes ciertos hábitos tal vez hasta compulsivos, que son «superiores a tus fuerzas»?

Normalmente esa compulsión edad tiene que ver con una disociación, es decir hay una parte de nosotros que toma el mando y no permite que la otra parte, que le gustaría actuar de otra manera menos impulsiva y compulsiva, pueda gestionar adecuadamente esa situación.

Una de las primeras cosas que debes y puedes hacer para ir solventando esa situación, es reconocer que esa parte que actúa de una manera que no te gusta nada, es la mejor solución que tu cuerpo tiene para solventar una situación que está viviendo. Es posible, que de manera consciente, a ti se te pueden ocurrir alternativas mucho mejores para tu grado actual de madurez tu edad y la situación concreta que estás viviendo, pero lo que ocurre es que no es una respuesta consciente sino que surge de tu inconsciente, y ahí los aprendizajes no son tan «racionales, sino que se basan en experiencias y modelos que han llegado a imprimirse a lo largo del tiempo ya sea por situaciones repetidas con respuestas y soluciones repetidas o por alguna acción o situación de gran importancia que genera una respuesta que se imprimió de una manera muy fuerte.

Entender que ese caos y desorden a tus ojos no es más que el mejor de los órdenes, la mejor de las respuestas que actualmente eres capaz de dar de una manera subconsciente, te acerca a la posibilidad de entender los motivos y de encontrar alternativas para poder ir cambiando ese descontrol hacia una respuesta que para ti resulte más aceptable.

¿Has pensado ya en una respuesta descontrolada qué te gustaría cambiar? ¿Eres capaz de aceptar que es lo mejor que puedes hacer en ese momento? ¿Recuerdas la primera vez que viste esa respuesta? ¿Que estaba ocurriendo en ese momento?

Este es el punto de partida de un viaje que se aleja del descontrol y que mejora  tus comportamientos para llegar a fluir de verdad.

¿Qué tal esas primeras reflexiones?
Luis Gil – www.inspirayavanza.com
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